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Un perro tiene entre 125 y 300 millones de receptores olfativos según la raza. Una persona ronda los 5 millones.
Los perros oyen hasta unos 45.000 Hz; el oído humano se queda en unos 20.000 Hz. Por eso reaccionan a sonidos que para ti no existen.
Su visión es dicromática: distinguen bien los azules y los amarillos, pero el rojo y el verde se les confunden en tonos apagados.
Tienen un tercer párpado, la membrana nictitante, que barre el ojo en horizontal y produce parte de la lágrima.
Un perro adulto tiene 42 dientes. De cachorro solo 28, que va mudando hasta los seis o siete meses.
Los cachorros nacen ciegos y sordos. Los ojos se abren hacia los 10-14 días y los conductos auditivos se completan algo después.
La gestación canina dura unos 63 días de media, con un margen normal de entre 58 y 68.
Su temperatura corporal normal está entre 38 y 39,2 °C. Lo que en ti sería fiebre, en él es un día cualquiera.
No sudan por la piel como nosotros: casi todas sus glándulas sudoríparas están en las almohadillas. Se refrescan jadeando.
Los perros no tienen clavícula funcional. La escápula va sujeta solo por músculo, lo que alarga la zancada y les permite correr más.
El galgo es el perro más rápido del mundo. La mayor velocidad cronometrada y homologada por Guinness es de 67,32 km/h.
La nariz húmeda no es decorativa: la capa de moco disuelve las moléculas de olor y las concentra sobre el epitelio olfativo.
Tienen un segundo sistema olfativo en el paladar, el órgano vomeronasal o de Jacobson, especializado en detectar feromonas.
Una capa reflectante detrás de la retina, el tapetum lucidum, les da visión con muy poca luz y hace que sus ojos brillen en las fotos. Aun así, no ven en oscuridad total.
Los bigotes no son pelo decorativo. Son vibrisas: órganos táctiles con terminaciones nerviosas en la base que les informan de lo que tienen cerca.
Chaser, una border collie, aprendió y retuvo el nombre de 1.022 objetos distintos en un estudio publicado por Pilley y Reid en 2011.
Un estudio en Current Biology (2007) observó que los perros mueven el rabo más hacia su derecha ante algo que les atrae y más hacia la izquierda ante algo que les inquieta.
La «cara de pena» tiene músculo propio: Kaminski y su equipo (PNAS, 2019) hallaron un elevador de la ceja interior que los perros tienen y los lobos no.
El patrón de arrugas de la trufa es lo bastante distintivo como para usarse en sistemas de identificación biométrica canina, igual que una huella dactilar.
Del chihuahua al gran danés, todas las razas son la misma especie y descienden del lobo. La FCI reconoce hoy más de 350.
El basenji no ladra. La forma de su laringe le hace emitir un sonido agudo y modulado que recuerda a un canto tirolés.
Los dálmatas nacen completamente blancos. Las manchas empiezan a aparecer a partir de las dos o tres semanas de vida.
El chow chow y el shar pei tienen la lengua azul oscura por pigmentación natural, no por ningún problema de salud.
El terranova tiene los dedos unidos por una membrana interdigital. Es lo que lo convierte en un nadador excepcional y explica su historia como perro de rescate acuático.
La vejez no llega a la misma edad para todos: un gran danés es sénior sobre los seis años y un chihuahua no lo es hasta los diez u once. La «regla del 7» no funciona.
El récord verificado de longevidad canina sigue siendo el de Bluey, un pastor ganadero australiano que vivió 29 años y 5 meses. Guinness retiró el título a Bobi en 2024 por falta de pruebas.
Los perros sueñan: su actividad cerebral muestra fase REM igual que la nuestra. De ahí los temblores y los ladridos ahogados mientras duermen.
Tienen unas 1.700 papilas gustativas frente a las 9.000 de una persona. El sabor les importa mucho menos que el olor: primero huelen la comida y después deciden.
En un experimento de 2017 con un «espejo olfativo», los perros olieron más su propio olor alterado que el original: reconocen a qué huelen ellos mismos.
En el estudio de Hare (Science, 2002), los perros siguieron el gesto humano de señalar mejor que los lobos criados por personas y que los chimpancés.