Perro sin apetito: qué intenta decirte su silencio en el cuenco
El rechazo a la comida no siempre es capricho; es un lenguaj… El rechazo a la comida no siempre es capricho; es un lenguaje silencioso que merece toda tu atención. Leer más
Descubre el misterio detrás de esa trufa fresquita que te llena de babas cada mañana. No es solo por salud.
2 minutos de lectura
—A veces me quedo mirando a Felipe mientras duerme y pienso: ¿cómo puede tener la nariz siempre así, como si le hubiera echado un spray de agua? Ayer mismo, un Dálmata que conocí en el parque me dejó el pantalón perdido de lametazos y pensé en lo mismo. Es una obsesión que tenemos los dueños, ¡pero es que esa humedad es pura magia!
La verdad es que esa mucosidad no está ahí para decorar. Es un sistema de refrigeración brutal. Los perros no sudan como nosotros, así que esa capita de agua les ayuda a regular su temperatura corporal. Pero espera, que hay más... ¡es un detector de precisión! Las partículas de olor se quedan pegadas a esa humedad, permitiéndoles identificar el origen del aroma con una exactitud que a nosotros nos dejaría alucinados. Es su forma de entender el mundo, como si leyeran un periódico invisible en cada esquina.
Si ves que la trufa está seca, no entres en pánico. A veces es solo por una siesta larga, aunque si notas xilosis o grietas, quizás toca vigilar. Felipe a veces se despierta con la nariz seca tras una siesta al sol, se lame un poco y listo, ¡como nuevo! Si un Shar Pei está deshidratado, la nariz te lo va a chillar antes que cualquier veterinario. ¡Menudos son!
Si notas que la piel de su nariz está castigada por el sol o el frío, no le pongas cualquier cosa. Yo uso un bálsamo reparador natural a base de cera de abeja y karité. Es mano de santo, oye. Se lo aplicas un poco y en dos días la tiene suavecita, sin químicos raros y sin que le importe si se lame un poquito. ¡Es un puntazo para tenerles siempre a tope!