Perrito Feliz

Orejas calientes en perros: ¿es fiebre o no?

Por qué las orejas de un perro se calientan, por qué el tacto de la mano no sirve para detectar fiebre y qué señales obligan a llamar al veterinario.

Cachorro de pelaje color canela con una oreja erguida y otra doblada, sentado sobre un suelo con hojas secas y llevando un arnés azul.

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Lo primero: la mano no mide la fiebre

Le has tocado las orejas, las has notado ardiendo y has llegado aquí buscando si eso significa fiebre. Te ahorro el suspense: por el tacto de las orejas no se puede saber si un perro tiene fiebre. Ni por el morro, ni por las almohadillas, ni por lo caliente que notes su cabeza.

No es una opinión prudente para curarme en salud. Es que las orejas de un perro están diseñadas precisamente para cambiar de temperatura, y esa es su función. Usarlas de termómetro es como juzgar si hace frío en la calle tocando el radiador de casa.

Lo digo por experiencia propia y por las dos formas de equivocarse. Con mi Yorkshire pasé una tarde entera con el corazón encogido porque tenía las orejas como brasas, y resultó que había estado durmiendo pegada al radiador. Y al revés: con otro perro pasé por alto unas orejas templadas durante días, porque templadas me parecían normales, y debajo había una otitis de manual.

Por qué se calientan, y por qué casi siempre es normal

Los perros no sudan por la piel como nosotros. Regulan su temperatura sobre todo jadeando, y en segundo lugar mandando sangre a las zonas donde el cuerpo puede soltar calor al aire: las orejas son el radiador más eficaz que tienen.

El pabellón auricular es fino, tiene poco pelo por dentro y está lleno de vasos sanguíneos muy superficiales. Cuando el perro necesita perder calor, esos vasos se dilatan, entra más sangre, y la oreja se calienta y se pone rosada. Es exactamente lo que ves en la foto de arriba: ese interior rosado no es inflamación, es riego.

Por eso las orejas están calientes en un montón de situaciones perfectamente normales:

  • Después de correr o jugar. El cuerpo está soltando calor por donde puede.
  • Al despertarse, sobre todo si dormía en un sitio abrigado o al sol.
  • Con calor ambiental, aunque el perro esté tumbado sin hacer nada.
  • Cuando está nervioso o excitado. La descarga de adrenalina sube el riego periférico. Si tu perro se pone así con facilidad, quizá te interese lo que cuento sobre el jadeo nocturno y la inquietud en perros.
  • En razas de oreja fina y erguida, que notarás calientes con más frecuencia simplemente porque tienen más superficie expuesta y menos pelo aislante.

Y hay un factor que casi nadie tiene en cuenta: tus manos. Si vienes de la calle en invierno, cualquier oreja te va a parecer ardiendo. Si acabas de fregar con agua caliente, ninguna te lo parecerá.

Cuánto se equivoca el tacto: lo que dice el estudio

Aquí es donde el asunto deja de ser intuición y pasa a estar medido.

En 2014 se publicó en Tierärztliche Praxis un estudio que comparó la temperatura auricular con la rectal en 300 perros enfermos —220 con temperatura normal, 32 con hipotermia y 48 con hipertermia—, más 62 perros sanos para fijar los valores de referencia. Y ojo, que no medían con la mano: medían con un termómetro auricular de infrarrojos, el aparato diseñado para eso.

El resultado: la correlación entre ambas medidas era buena sobre el papel (r = 0,892), pero al analizarla en detalle la diferencia entre los dos métodos llegaba a moverse entre −0,6 °C y +1,2 °C respecto a la medida rectal. Los autores habían fijado de antemano, por consenso de dieciséis expertos, que una desviación clínicamente tolerable serían 0,3 °C. La conclusión fue que la medición en la oreja «presenta una diferencia clínicamente inaceptable respecto a la medición rectal».

Traducido: un aparato de precisión aplicado dentro del oído ya se desvía más de un grado. Tu mano, por fuera, y comparando contra tu propia temperatura, no está ni cerca de aportar información. Un grado, en un perro, es la diferencia entre estar perfectamente y tener fiebre.

Cómo saber si de verdad tiene fiebre

Solo hay una forma fiable en casa, y es el termómetro digital rectal. Lubricado, con cuidado, y con alguien sujetando al perro. Tarda menos de un minuto.

Los números que importan, según el Manual de veterinaria de MSD:

Temperatura rectalQué significa
Hasta 39,2 °CRango fisiológico normal en el perro
39,5 – 41,1 °CRango en el que se sitúa la mayoría de fiebres reales
41,1 °C o másCompromete la vida: urgencia veterinaria

Fíjate en el detalle importante: la temperatura normal de un perro es más alta que la nuestra. Un perro a 38,8 °C está perfectamente. Si te guías por lo que te parecería fiebre en una persona, vas a asustarte con perros sanos todos los días.

Persona sujeta con las manos las orejas de un perro mientras este mira hacia arriba sobre un terreno de arena.
Levantar el pabellón con las manos y mirar dentro, como en la foto, dice mucho más que tocarlo por fuera: el olor, el color y el exudado sí son señales fiables.

En vez de tocar, mira. Levanta la oreja y fíjate en si el interior está rojo, si hay cera oscura o exudado, si huele mal, y si el perro se queja cuando le palpas la base. Eso sí es información.

Las causas que sí importan

Si las orejas están calientes en reposo, en un sitio fresco, y encima hay algo más, estas son las sospechas razonables.

Otitis externa

Es la causa número uno con diferencia. El manual de MSD la describe con signos muy reconocibles: sacudidas de cabeza, mal olor, enrojecimiento, hinchazón, rascado y aumento del exudado. El calor es consecuencia directa de la inflamación del tejido.

La versión profesional del mismo manual añade los factores que predisponen a un perro a padecerla: pabellón auricular colgante, canales estrechos, exceso de vello en el conducto y humedad excesiva en los oídos, ya sea del ambiente o de nadar. Si tienes un cocker, un basset o cualquier perro de orejas largas y caídas, esto te toca de cerca.

Alergia

El mismo manual sitúa las alergias —reacción adversa a los alimentos, dermatitis atópica, dermatitis alérgica de contacto— entre las causas primarias de otitis. La piel del interior de la oreja es finísima y suele ser de las primeras en reaccionar. Si además tu perro se frota la cara, quizá te sirva lo que cuento sobre por qué un perro se rasca la cara.

Un cuerpo extraño

Las espigas son el clásico de la primavera y el verano en el campo español. Entran en el conducto, el cuerpo monta una inflamación considerable y el perro sacude la cabeza sin parar, casi siempre ladeándola hacia el lado afectado. Esto no se resuelve solo ni mejora esperando: necesita un otoscopio y unas pinzas.

En la oreja también se enganchan garrapatas con facilidad, porque es una zona de piel fina y poco pelo. Si vives en zona de riesgo, la guía de garrapatas en perros te ahorra sustos.

Golpe de calor

Este es el que no admite espera. Orejas ardiendo con jadeo intenso, babeo denso, encías muy rojas, tambaleo o vómitos, en un día caluroso o después de esfuerzo, apunta a golpe de calor y es una urgencia con minutos de margen. Tengo escrita una guía sobre cómo prevenir y reconocer el golpe de calor, y merece la pena leerla antes de que llegue el verano, no durante.

El error de meterlo en agua fría

Este me parece el punto más útil de todo el artículo, porque va justo en contra de lo que hace casi todo el mundo.

El manual de MSD lo explica sin rodeos: en la fiebre real el aumento de temperatura está regulado por el propio organismo, y por lo tanto los métodos de enfriamiento como los baños de agua «estarán actuando en contra de los propios mecanismos corporales de termorregulación». El cuerpo ha subido el termostato a propósito, y tú estás peleándote con él.

El golpe de calor es exactamente lo contrario: ahí la temperatura sube sin que el cuerpo lo haya decidido, el termostato no se ha movido, y enfriar sí es lo correcto y además urgente.

O sea que la misma acción —mojar al perro— es útil en un caso y contraproducente en el otro, y para distinguirlos hace falta el termómetro y el contexto, no el tacto. Si el perro tiene fiebre de verdad, lo que necesita es diagnóstico, no una toalla mojada.

Cuándo llamar al veterinario

Con orejas calientes y alguno de estos acompañantes, no esperes a mañana:

  • Letargo marcado: no se levanta ni para comer o para saludarte.
  • Sacudidas violentas de cabeza o la cabeza ladeada de forma constante, que puede indicar cuerpo extraño o afectación del oído medio.
  • Mal olor o exudado en el conducto, de cualquier color.
  • Dolor al tocarle la base de la oreja: si se aparta o se queja, hay inflamación.
  • Termómetro por encima de 39,5 °C, y sin discusión por encima de 41 °C.
  • Encías muy rojas o pálidas, tambaleo, vómitos o jadeo que no cede en reposo y a la sombra.
  • Un bulto blando en el pabellón, que suele ser un otohematoma por sacudir la cabeza y que cuanto antes se trate, mejor queda.

Y una regla que aplico siempre: si el perro está raro y no sabes por qué, el termómetro tarda un minuto y te quita la duda. Es la única medida casera que aporta un dato real en lugar de una impresión.

Cómo bajar las probabilidades de que vuelva

  • Seca bien las orejas después del baño y del mar. La humedad retenida en el conducto es el punto de partida de buena parte de las otitis. Si te lías con la frecuencia, tengo escrito sobre cada cuánto bañar a un perro.
  • Nada de bastoncillos de algodón. El manual de MSD lo desaconseja expresamente: empujan el residuo hacia dentro en vez de sacarlo.
  • Ni vinagre, ni alcohol, ni agua oxigenada. Alteran la barrera del conducto y pueden convertir una irritación leve en una infección. Limpiador ótico veterinario y punto.
  • Revisa el conducto después de cada paseo por el campo entre abril y septiembre, que es cuando están las espigas.
  • Si tu perro tiene orejas caídas o mucho pelo dentro, incorpora la revisión a la rutina semanal. No es manía, es que su anatomía juega en contra.

Al final, la conclusión es tranquilizadora: la inmensa mayoría de las veces que notes las orejas de tu perro calientes, no pasa absolutamente nada. Lo que hay que cambiar no es el nivel de alarma, es la herramienta. Deja de preguntarle a tu mano y pregúntale al termómetro.




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