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Adoptar un perro: guía real para sobrevivir a la primera semana

Recibir a un nuevo miembro en casa es un caos precioso, pero hay que tener las cosas claras para no volverse loco.

Cachorro blanco mirando a su dueño con curiosidad

Pilar Guerrero

2 minutos de lectura


Ayer me acordé de cuando un Golden Retriever del vecino intentó robarme el bocadillo en el parque… qué descaro. Felipe, en cambio, cuando llegó a casa por primera vez, se escondió detrás de la cortina durante tres horas. Ni se movió. Estaba aterrorizado, y yo, claro, sin saber qué hacer…

Lo primero: no montes un circo

Que no te pueda el ansia viva por invitar a medio vecindario a conocer al nuevo inquilino. Tu perro llega a un sitio extraño, lleno de olores que no conoce y gente que no sabe quién es. Necesita descompresión sensorial. Si lo llenas de estímulos desde el segundo uno, lo vas a dejar frito. Deja que explore a su ritmo, que olfatee cada esquina sin presión. Es la base de un buen vínculo afectivo, te lo digo yo que llevo media vida aprendiendo de ellos.


¿Qué hace falta de verdad?

  • Un rincón tranquilo, que no sea una zona de paso, donde pueda sentirse seguro si la situación le sobrepasa.
  • Un comedero estable, porque si se vuelca a la primera de cambio, la liamos.
  • Paciencia, mucha paciencia. Si te hace un pis en la alfombra, respira profundo y piensa que no lo hace por fastidiar, es pura adaptación.

El tema de la rutina es sagrado

Si no estableces un horario de paseos coherente, el perro va a estar más perdido que un pulpo en un garaje. A Felipe le costó lo suyo entender cuándo tocaba salir y cuándo descansar, pero en cuanto pilló la dinámica, todo fluyó. No lo saques a horas locas; sé constante y verás cómo el animal se relaja.


Invierte en un buen arnés antitirones

No te la juegues con collares baratos que solo hacen daño. Un arnés de calidad que se ajuste bien al cuerpo es fundamental para que el primer paseo no se convierta en una odisea. A Felipe le cambió la vida desde que dejamos atrás el collar de siempre.



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